El 50 aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño, son unas bodas de oro tristes en las que millones de niños son víctimas de la prostitución, de la guerra o del trabajo infantil. Aún es más lamentable ser víctima del hambre; por eso, surge un poema roto, triste, aterido de frío en la dejadez del mundo...
Un poema a la vida quisiera hacerle,
un verso a los versos, rima a la rima,
pero cuando la vida desentona, no hay poesía.
Desentona la vida cuando un niño muere de hambre
y sus ojos nos miran sin ver a nadie;
no hay, siquiera, pan y cebolla
como en su nana diría Miguel Hernández.
Llora la poesía, de inanición se muere,
no tiene palabras que llevarse a la boca.
Isidoro Ballesteros Ruiz.
... y cuenta nueva
Hace 9 años